Al reloj del Ayuntamiento le da un “Dalí” por culpa de la calor

“El verano está siendo muy duro para sevillanos, guiris, robores, termómetros y también para los relojes de nuestra Muy Leal, Noble, Mariana y todo eso, ciudad de Sevilla.” Declaraba ayer, consternado, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas Láser.

Espadas se refería con estas palabras al fenómeno sucedido en la sede del Consistorio hispalense, cuyo reloj acababa derritiéndose cuales relojes de Dalí, por toda la calor acumulada durante el verano. “A eso de las 4 de la tarde, la esfera empezaba a deformarse como el cirio de un nazareno de la Borriquita a la solana. Ni las palomas ni yo, los únicos que pasábamos por allí, dábamos crédito al apepinamiento de este reloj tan crucial en la vida de la sevillanía.” Señala Joaquín Quetevín, quiosquero de chucherías y panfletos en Plaza Nueva.

La persistencia de la memoria, conocido también como Los relojes blandos​ o Los relojes derretidos es uno de los cuadros más conocidos del pinto polaco de Figueres (Cataluña) que ahora podemos admirar, de forma espontánea, simpática y calentita, todos los sevillanos y demás seres humanos que se acerquen hasta la puerta del consistorio de la capital andaluza.

En otro orden de chuminadas, el presunto niño de Dalí de 40 años de edad, tras desenterrar la momia del ¿padre?, le ha faltado tiempo para reclamar que el reloj tal y como ha quedado, figura como un plagio de la obra de su papa-momia y le ha pedido al Ayuntamiento 300 millones de euros y una caseta en la Feria como medida de conciliación para no empaquetarlos como dios manda.

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