El sayo se impone a la “rebequita” de toda la vida

La meteorología otoñal que vivimos en plena primavera hace rebueno el refrán viejuno del “hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.” De hecho, estamos a más de 40 de mayo y los sevillanos han acabado con todas las reservas de sayos de la ciudad y las de parte del Aljarafe. – En Sevilla Este a lo mejor queda alguno, pero no podemos asegurarlo porque no nos llegan los teletipos desde tan lejos -.

El caso es que por la noche hace una pelúa que te tira del velador. La rebequita, que te enfundaba la mama condición sine qua non para salir de casa, se nos queda corta. Había que rescatar el sayo del tatarabuelo que para eso el refrán nos lo ha dejado clarinete desde que la mujer es mujer.

Aunque hemos de decir que personajes públicos perennes, como Juaninnasio Zoido o Soledad Becerril, han llevado sayo toda la vida sin que nadie se diera cuenta; y era porque lo usaban como ropa interior, que todo hay que decirlo.

Resulta evidente que el sayo, esa prenda mediaval y viejuna a la que todo el mundo se refería por estas fechas sin saber de lo que hablaba, está ganando la partida a la tradicional “rebequita” como reina del entretiempo. Hombres y mujeres oriundos de la tierra de Mery santísima se enfundan en sayos de todo pelaje para ir a la taberna de turno, la velá del barrio o para ver sus pasos de Gloria cubata en mano desde el balcón del amigo pudiente.

Las grandes firma de la ropa pret a porter, advirtiendo que el cambio climático puede ser más para frío que para calor, ya han atado a 800.000 niñas bangladesas a la pata de una mesa de coser, para que nos provean de sayos fantasía para las próximas temporadas de glaciación que nos esperan. ” Es mejón de prevení  que de curá.” Anunciaba el supermillonario textil, Amancio Ortega, ayer mismo con un sayo vintage de Carmen Polo y una hucha cerdito que cantaba muñeiras enlatadas. Qué cosas tiene este Amancio…

 

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