Los termómetros de Sevilla sufren una insolación

A las 16 horas de la tarde de ayer, los termómetros digitales de Sevilla entraban en un delirio colectivo, producido por la infernales temperaturas que se producían en la ciudad. Parecía que ya nos había grados que poner ni dibujar en las pantallas de los pobres mercurios indígenas, cuyas chapas resistían al rojo vivo la solana que les caía. Habían pillado una insolación.

Desde La Pasarela hasta La Macarena, desde Nervión a Los Remedios, no había mercurio electrónico que se salvara: “Zus muertos” rezaba el mercurio de Torre Pelli, “Ponte un niki”, indicaba con cierto instinto asesino el termómetro de La Macarena, “80º mismo, yo qué sé…” señalaba derrotado y enloquecido el del Paseo de Colón, “Alcalde, tío bueno” mostraba totalmente fuera de sí, con los circuitos disparados, el mercurio de La Pasarela…

El Ayuntamiento tenía “acolapsá” la centralita con los millones de llamadas que recibía de la sevillanía reclamando traductores de cacharrería loca o pidiendo por favor que regasen los aparatos con agua helada o les pusiesen un ventilador, para que todo volviera a la normalidad de los 50 grados eternos, reflejados en los termómetros del verano sevillano.

Finalmente, el alcalde Espadas Láser, reunido con José Antonio Maldonado,  el Consejo de Cofradías, el Círculo de Labradores y demás fuerzas vivas de la ciudad, ha decidido ponerle un gorro de paja tamaño “cabessa” a cada uno de los termómetros, para que la lluvia de fuego les coja protegidos y no se les vaya la olla de tanta solana.

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